30 abril 2015

Por los contrafuertes de la Xortà

Día de exploración. La última vez que estuve por esta zona perseguí a una pequeña manada de jabalí jovencitos que se espantaron con mi irresistible belleza. Me enmerdé como pocas veces. Hoy ha sido más sensato y tan divertido como siempre. El rincón es espectacular y con José Miguel se multiplica el placer de la jornada.
Salimos del Trestellador y hacemos el primer alto en un bareto de Guadalest. Café con leche, cocapeisch y pincho de tortilla. El amo del bar nos indica un recorrido que guardamos en la memoria para sucesivas incursiones.
Llegamos al menguado pantano. Ya ves, casi como el tasajo. Pero seamos optimistas, va a llover, se llenará, disfrutaremos de las chorreras frescas de nuestros barrancos y los caracoles saldrá a pasear como lo han hecho toda la vida. Aún así el monte está verde y hermoso

Pantano de Guadalest
Empezamos por el camino que bordea el pantano hasta que nos metemos por una pista a la derecha y posteriormente por una senda que asciende a ese magnífico contrafuerte Sur de la Xortà.
Cada minuto convierte al territorio en más atractivo. Ahí tenemos a José contemplando todo lo que media y rodea la mole entre el Ponoig, Aitana y la Serrella. Y la falda blanquecina del pantano que no significa otra cosa más que sequera. Pero va a llover. 


Una ve en el contrafuerte las opciones son al menos dos, sin contemplar las que se vislumbran hacia la cumbre. O cresteamos o seguimos una senda limpia que discurre hacia el este. Tranquilamente seguimos la segunda opción. Vamos charlando y parando a ver las cositas que nos ofrece el entorno. Como este brutal masa forestal que nos envuelve y nos aísla de todo lo que, a mí al menos, me recuerda el día a día. 
Hay ardillas, rastros de puercos salvajes, hemos visto un águila...


Y al final de l'Almèdia se abre la costa de la Marina Baixa entre la Serra Gelada y la Bèrnia. Aquí montaba yo una tirolina que me dejase en la mismísima orilla del Albir. Me daría tiempo a ir despelotándome por el camino para llegar en cueros al agua. Podría ser un excelente fin de ruta. Pero la realidad es un descenso pedregoso hasta Callosa que sí o sí materializamos.

 Aunque antes de llegar al final, a la altura de ese feo tubo vertical que preside el pueblo (aquí en vez de adorar lo que todos adoran la cultura agua, lo cual veo más sensato), viramos a la derecha en busca de la Cova de la Pinta Misteriosa.


Pone así, de la 'Pinta', aunque igual hace referencia a la 'pinta', la pintada. Es un abrigo con restos del neolítico que sólo pudimos observar desde el exterior. Los expoliadores acechan.
Seguimos una senda hacia el sur que nos deja en la carretera Callosa-Guadales y después de unos metros de pateo por esta bajamos por la izquierda al río y junto a este hasta el puente y Bar el Río. Caritas de limón, patatíviris, olivetes y embutido. Ya un colega se encarga de subirnos al punto de partida.
Poco más de 16k de monte estupendos, de esos de los que hay que repetir siempre que se pueda.
Aquí tienes la ruta en wikiloc:

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Bueno, ya sabes que nos vamos en septiembre a hacer el Trek del Mont Blanc. Si te interesa el viaje, conocer los mejores rincones de los Alpes, uno de los treks más reputados del mundo, pincha, infórmate y anímate. Aún quedan plazas.

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