23 febrero 2012

Cabo de Gata, Relax Trail Running 2ª parte

Aquí los vídeos de la 1ª y 2ª parte del Cabo de gata Trail y los enlaces a ambas crónicas.

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CRÓNICA 2ª PARTE:
Agua Amarga. Es el principio de la segunda parte del proyecto de Cago de Gata de cabo a rabo. La vez anterior (aquí: Cabo de gata: Simplemente un disparate de sensaciones ) comenzamos en la Torre de San Miguel, junto a la población de El Cabo de Gata y llegamos hasta La Isleta del Moro y en esta desde Agua Amarga hasta la Isleta, esta localidad es, sin duda, el mejor lugar para acabar una jornada en esta zona.
Así nos ha ido:
Llegamos Hortensia, Álvaro y el secretario el lunes pasado a eso de las tres de la tarde a este relajante y transportador poblado almeriense enclavado en el Parque Natural del Cabo de Gata. Sí, hay una baja importante, Alba… Quiero pensar que tiene ‘el planazo’ y por eso nos ha dejado tirados, ya nos contará. Nos vamos a acordar de ella todo el viaje.
La idea es unir esta localidad con La Isleta del Moro y así sentir la mayor parte de calas, piedras, espumarajos de mar, noches, brisas, estrellas… Sensaciones, en definitiva, que nos pueda dejar este trozo de planeta con nombre de felino.
Esto es Agua Amarga desde unas casas cavadas en la arenisca.
Pasamos sobre ellas y llegamos a este búnquer luminoso y alegremente decorado. Empezamos a pensar que en esta ocasión va a hacer más fresco por la noche y que este sería un buen sitio para poner el huevo.
Continuamos por la cuerda hasta un punto más alto desde donde se nos reafirma la grandeza de este entorno. Al fondo se aprecia el Faro de Los Lobos, lugar que pisaremos mañana.
Chafamos una senda muy pisada que sigue las cuerdas de estas lomas forradas de esparto. Este va a ser el paisaje predominante de este viaje: Esparto, Stipa tenacísima, y toda una vegetación perfectamente adaptada a este soleado, salado y venteado mundo. Bestia de plantajo que ha invadido este lugar y que tan bien me hace sentir.
Llegamos así a la Cala de Enmedio. Álvaro está fuerte, pero no tanto, el pedroso no acabará en el mar…
La intención de hacer el recorrido lo más pegado a la costa, filosofía que adoptamos en el anterior viaje, sigue presente. El día está predominantemente gris, las olas baten suavemente la costa, salpicando graciosamente, previsibles, con una banda sonora embriagadora. Nos adentramos pegados al agua hasta que el terreno nos dice basta, que es muy pronto. Y tenemos que recular.
EL CARNICERO PESCADOR
Y aquí es donde las circunstancias van a marcar el resto del trayecto. Hay pedazos de sedal, hilos viejos enrocados, una suerte de volantín y, ¡qué grande!, al otro extremo de uno de los nylons un oxidado anzuelo, sin muerte, poco prometedor. Pero Álvaro se enciende, se enciende como sólo él sabe encenderse y nos reta. Se le va la pinza, pero bien lejos. Nos promete pesca, cena, supervivencia. Habla de peces y panes, profecías, nos quiere hacer sus fieles seguidores. Pero lo que empieza aquí es el cachondeo, como no puede ser de otra manera. Se adorna la muñeca con el volantín y seguimos la ruta. Sin perder detalle de la hermosura del paisaje, entre espartos, con los acantilados ahí y los juegos que se traen las nubes, el sol y la brisa. Álvaro, además, soñando con su atún de 3 kilos. Pero déjalo, va feliz como un chiquillo con anzuelo nuevo.
Y así, dejando el Cerro de la Higuera a la izquierda llegamos hasta la Cala del Plomo. Otra hermosura de rincón, preciosos recuerdos. Empezamos a contar vehículos alemanes repintados de colorines, moradores con rastas y aromas bobmarleianos que se mezclan con el yodo marino. Volvemos a intentar costear a cualquier precio. La verdad es que resulta embriagador. Te lleva y te lleva, se puede y sigues. Te metes en una calita, en otra, una cueva, un recoveco delicioso y el mar. Hasta que la tierra te marca la frontera y media vuelta… Pero me llevo este cuadro del instante:
Reculamos. Hemos invertido más de una hora para recorrer poco más de 1.200 metros por este paraíso de roca gris y espuma blanca. Y lo volvería a hacer.
Regresamos a El Plomo y comenzamos a ganar altura en dirección a la cala de San Pedro. En el track hay una marca que indica giro hacia el oeste, pero de esto nos percatamos a la vuelta. Desde este lugar echamos la vista atrás y vemos el camino recorrido. Al fondo la Mesa de Roldán y su farito arriba, que acaban de encender hace pocos minutos.
Es igual, poca posibilidad de pérdida. Cabalgamos las lomas peludas de esparto y vamos girando hasta encontrar al fondo la colonia jipi de San Pedro. Vemos la senda y la buscamos entre la áspera vegetación. Conforme descendemos descubrimos las chocicas: cuatro palos+tela, palos+matojos, tiendas de campaña, muretes de piedras+palos+telas… La combinación de tenderetes es variada, todo un tratado de vivaquismo.
Lo dicho, diversas mezclas de lo que a mi juicio son vivacs. Pero de entre todas estas viviendas destacan un par de sólidas construcciones y un par de ellas con unas redondas torres. Y junto a la primera nos encontramos un cartel, un futuro prometedor. Una imagen vale más que mil palabras:
Sabemos leer ¿no?. Aún no nos hemos embrutecido lo suficiente. “Cervezas refrescos…”. Y tres pasos más adelante la puerta de una de las citadas construcciones y el cartelín “Abierto”. Y dentro unos sofacitos, unos silloncitos de mimbre con cojines mugrosos, música de la buena, pero de la buena, buena, aroma bobmarleiano de nuevo, pero más concentrado, del que no desean dejar escapar, por si no vuelve. Un par de tertulianos y Hans (no sé si se llama así, pero tiene toda la pinta de que por ahí van los tiros)… Hans, el dueño de todo esto. Metro 90, rubio rizado, cincuentón o más, robusto de cojones, con un cabezón de perro de presa tremendo, su panza bien criada, un castellano con deje germano que tira patrás, y una sonrisa fácil que enmarca una incompleta dentadura muy simpática.
El primer cruce de palabras: ¡Tres cervezas, por favor! (primera de un trío de fantásticas rondas)
A partir de aquí todo hilado, engranado, perfecto. La música que he citado. Fuera el viento y el frío, cada vez más seguro de sí mismo. Y pasan los minutos y vamos conociendo algún detalle de Hans. Nos pregunta que dónde vamos a dormir y le contamos que por ahí, que llevamos capas, que somos tipos duros, curtidos, acostumbrados al régimen neandertal de la supervivencia campestre. En fin, que ya veremos.
Y él insiste en ofrecernos una tienda de campaña. Porque parece que va a llover. Porque hace viento y frío y, básicamente, porque no quiere que a las dos de la mañana le despertemos para pedir socorro y cobijo. Molestar esa robustez podría costarnos caro. Me lo imagino a las dos de la mañana con una torrija que ni con un ariete lo saca dios de la piltra. Eso. Después de la segunda ronda de birras nos pertrechamos y buscamos la orilla del mar para vivaquear y porque Álvaro, ‘Álvaro el pescador’, nos quiere tapar la boca con su destreza marinera. Porque llevamos todo el camino con el choteíto de que va a pescar su prima Nati la coja y él quiere demostrar que antes de ser fraile fue pescador.
Eso. Nos orillamos y detrás de un tremendo bolo Hortensia y yo vamos levantando un murete de piedras para proteger el descanso. Álvaro mata dos lapas y carna ese viejo y enrobinado anzuelo. Empalma trozos de nylon y sigue soñando despierto.
--Avísame que quiero grabar el momento--, le digo con rintintín.
--Te voy a tapar la boca cabrón--, me responde grotescamente.
--Sí, con los dos kilos de mero que vas a pillar con eso--, añado.
--Ríete, tú ríete-- me responde con las manos enfrascadas con el cebo.
--Pues claro, nos ha jodío… Menos mal que llevamos papeo--, apunto para zanjar la conversación y sigo con el vivac.
Y Hortensia con la risa chica. Como no queriendo ofender al pescador, pulula haciando la casita.
Y todo esto está grabado. Todo menos los dos kilos de mero, claro.
Los únicos que salieron beneficiados fueron los cuatro cabotes que se trincaron las pobres lapas empaladas. En fin.
Y suerte tuvo de que se pusiera a llover. Recogemos el tinglado y a por la tercera ronda en ca Hans. Y con el rabo entre las piernas a mendigarle la tienda de campaña. Y menos mal:
EL ÚLTIMO OASIS DE EUROPA
Amanece fresco pero llevadero. Junto a una balsa preciosa, de esas de machacar a las 12 de la mañana. Ahora no. Bajamos a la playa y empezamos la jornada como más nos apetece. Por la orilla del mar volvemos a picar hacia arriba entre las casitas de los jipis.
Esta es la fuente de la comunidad, de la familia de la Cala de San Pedro. Un hermoso chorro de agua clara y templada que aprovecha esta joven para quitarse la roña del pelo.
Es por esto que Hans nos explicaba ayer que él lleva 20 años viviendo aquí, en el último oasis de Europa, limpiando y cuidando este rincón. Y como él unos cuantos más que no hacen más que bien, no molestan a nadie. Gente que seguramente podría darnos una lección de vida a más de uno.
Y camino de Las Negras dejamos la fortaleza que da nombre a esta cala, también conocida como caserío de Don Pedro
Caminamos-trotamos por una senda estrechita y con bastante pendiente en algunos tramos. Poco después se une a una pista de tierra perfectamente transitable por vehículos y llegamos a una curva desde donde destaca el blanco nuclear de las casitas de Las Negras. Se tercia un café con leche y una infusión. Carga de energía junto a las barcas y a seguir.
Después de esta localidad llegamos a La Cala del Cuervo, donde hay un camping estratégicamente ubicado en uno de los más acogedores rincones de Cabo de Gata. Volvemos a ascender y a seguir la senda que más cerca del mar está. Hay otra más al interior, que tampoco se separa mucho de la costa, por la que regresaremos mañana. Por la que decidimos ir necesitamos invertir más pericia. Algún destrepe, terreno más irregular. Más hermosa, a mi juicio. Y así llegamos al Castillo de San Ramón y al tremendo Playazo. Esta imagen está tomada desde el sur de la playa:
Es muy evidente el collado del Bergantín. Lo alcanzamos y seguimos por una senda que nos podría haber conducido al camino que sube al faro o a Rodalquilar. Pero Hortensia ve una sendilla que asciende y decidimos seguirla. Llegamos a un collado. A la izquierda queda la Punta de la Polacra y allá arriba, frente a nosotros, el faro. Es medio día, hay gusa, ahora casca el solete y estos espartos compiten seriamente con el viscoelástico ese. No se hable más. Relax Trail Running, como bautiza Álvaro a esta modalidad del correr contemplativo que, todo se andará, acabará siendo olímpico.
Jamón de mono, dos tragos de agua, la pseudosiesta de marras y de nuevo nos ponemos en marcha en dirección al faro. Hay senda-rastro. Pica hacia arriba entre espartos y llega al Faro de Los Lobos. Vistas espectaculares. Podríamos seguir la pista camino de Rodalquilar y enganchar antes la senda que va a la Cala del Carnaje, pero decidimos arrear a saco, prácticamente en línea recta cuesta abajo. Además del faro para los barcos nos dejamos guiar, cuando los hay, por los faros para los hombres:
Salimos de esta pedregosa cala y seguimos nuestros instintos una vez más. Dejamos a la derecha el Cerro del Cuervo, pasamos por un collado muy evidente y seguimos unos hitos. Se nos van los minutos remirando fósiles y piedras de colorines. Perdemos los hitos (pudiendo haber tomado una senda a la derecha antes del Cerro de Los Guardias) y nos enmerdamos entre este cerro y el mar. Sí, hay rastros, pero es a todas luces un enmerde que nos tiene casi una hora para dos kilómetros. A ver, que levante la mano el que se haya arrepentido……… Este es el hermoso patio que nos ofrece el lío pardo de marras:
Salimos de esta y llegamos a una pista, un poco de asfalto y al Mirador de La Amatista. Seguimos descendiendo, salimos de la carretera y pisamos un sendero que nos mete en un precioso bosque de pinos y palmeras hasta la Cala del Toro. Dejamos El Toro y de nuevo en el mejor lugar y a la mejor hora: La Playa del Peñón Blanco. Baño salado y baño dulce. Desde este humilde espacio virtual un efusivo agradecimiento al ayuntamiento que rige los destinos de esta localidad, la Isleta del Moro. Hortensia lleva champú, así es que imaginaos cómo vamos a afrontar el resto de la jornada. Después del reconfortante spa buscamos el super para avituallarnos algo y de camino nos encontramos a Carmeta, esa embajadora de la hospitalidad y gran persona, amable y simpática lugareña, entrañable y, entrañable y... me faltan palabras para describir lo grato que nos ha sido volver a dar con ella. Nos informa de que el super no abre por las tardes, pues habrá que ir al bar.
De nuevo brindis ante la oxidada ancla y los Frailes al fondo:
En el transcurso de ese par de obligadas rondas le preguntamos al muchacho del bar si es posible encontrar un rincón donde echarse a dormir. De nuevo una brisa y unas amenazantes nubes avisan de lo áspera que puede ser la noche. Nos habla de unas palmeras y de un cortijo a la salida del pueblo. Como es pronto decidimos echar un vistazo al cortijo. Hemos visto la zona de las palmeras y pensamos que compartir la noche con ratas no entra dentro de los planes. Camino del mismo chispea. Necesitaremos algo serio para sobrevivir esta noche. Joder, achavo mansión: 4 paredes, un emplazamiento para hacer un fuego y unas contaminantes uralitas por techo. Perfecto. Regresamos al pueblo. Otra de cerveza, un par de pizas y una ensalada. Y para casa. Este es el acogedor cortijo. Achuchamos el fuego a tope y nos metemos en el saco con calor:
Al día siguiente las brasas nos permiten avivarlo y hacer las mochilas de nuevo con el culo caliente. ¡Qué grande!
El regreso va a ser más corto. Suprimimos enmerdes, corremos por algunas pistas del interior y salen 23k. De ida han sido 31. Así es que nos plantamos en Agua Amarga al medio día y de nuevo, dos rondas de cerveza y una parrillada de pescado, ¡…de pescado eh Álvaro, jeje!. Y de esta guisa se nos arrancan las últimas sonrisas a costa de nuestro pescador favorito.
PD: Hemos quedado en ir a pescar una noche por nuestro barrio. Con bocatas y cervecitas, por si el experto tiene un mal día.
PD2: El álbum de fotos de Hortensia... Xaxi, superilustrado, espectacular.
PD3: El 2º álbum de fotos de Hortensia.
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Algunos detalles técnicos sobre la ruta:
Agua Amarga – Cala de En medio: 2,3k
Cala de En medio – Cala del Plomo: 2,6
Cala del Plomo – Cruce San Pedro: 3,9
Cruce – Cala San Pedro: 1,3
Cala San Pedro – Las Negras: 4,9k
Las Negras – Cala del Cuervo: 700m
Cala del Cuervo - El Playazo: 2,6k
El Playazo – Torre de los Lobos: 2,7k
Torre de Los Lobos – Cala Carnaje: 1,9k
Cala Carnaje – Amatistas: 5k (Amatistas – El Playazo: 5,8k)
Amatistas – Cala del Toro: 1,2k
Cala del Toro – Islate del Moro: 1,6k
IDA: 31k
REGRESO: 22,9k
TOTAL: 53,9k y 3.391 positivos.
Avituallamientos: Proveerse de lo necesario en Agua Amarga. Agua en Cala San Pedro. De todo en Las Negras. Camping en Cala del Cuervo. Rodalquilar queda cerca de Cala del Carnaje. De todo en La Isleta del Moro.
Tipo de terreno: Técnico todo aquel fuera de pista o senda, los enmerdes. La mayoría sendas y pistas. Todo muy evidente, es difícil perderse.
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Wikilock, everytrail y perfil:

Cabo de Gata desde Agua Amarga hasta La Isleta del Moro at EveryTrail
EveryTrail - Find trail maps for California and beyond

5 comentarios:

Elías dijo...

Parece mentira que después de haber vivido 18 años de mi vida en aquella tierra la conozca tan poco. Me sorprende cada frase que leo de no haber vivido lo mismo que vosotros y eso que lo habeis hecho en tan pocos días. Pero como bien dices, en estos casos, las segundas partes siempre fueron buenas. Me alegro de que lo hayáis pasado tan bien, por cierto coincidimos en el tiempo en aquella tierra, yo un pelin mas al norte.

jaimescolano dijo...

No cejes compare. Yo cuando pueda repetiré, y será un placer ir por allí con un nativo de la zona, por eso del idioma. Aquello es la pera. la repera.

Desafio Vicente dijo...

Joder como disfrutáis, espero poder estar ahí con vosotros algún día. Sois Geniales!!!

Miriam dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ferrino dijo...

Una ruta muy interesante, yo suelo hacer varias al año y nos instalamos en tiendas de campaña normalmente.

Un saludo,
Mónica