14 mayo 2012

Planetitas y galaxias a tu merced

¡QUÉ PRECIOSO VERDAD!... El faro del Albir, la bahía, el Peñón...
El color un pelo alterado, pero es que cada cual ve las cosas de modo diferente. Y no las ve igual a primera hora del día que a mitad jornada o a las ocho de la tarde. Y en ocasiones bien entrada la noche es cuando más claro se tiene todo. Hoy es así mi universo. Empezamos Javi y el secretario en la Playa del Albir, ya con la mente puesta en el baño final y la cervecita del remate. Trotamos entre aceras hasta entrar en el Parque Natural de la Serra Gelada y ya bien calentitos, hemos empezado a eso de las 11:30am empezamos con la cresta en dirección a las antenas. Nos acercamos bastante a las dunas fósiles de la sierra. Un espectáculo como pocos:
Me imagino hace no sé cuantos siglos una preciosa playa de arena blanca donde las focas llegaban después de un largo viaje. Aún nadie (humano) había coronado el Puig Campana. Las encinas se extendían por todo el valle... Todo se ve de otra forma cuando manda el tiempo geológico. Encontramos una serie de abrigos que nos abren la puerta a una próxima aventura. Encontramos el lugar perfecto para pernoctar y disfrutar -cuando llegue el momento- del que será uno de los amaneceres más hermosos de nuestra vida. También con los ojos puestos en el tremendo Penyal d'Ifac. Fijaremos los ojos en el Este y en unos minutos pasaremos de verlo todo de un color a otro. Cambiaremos de temperatura en poco espacio de tiempo... Pero esto está por llegar. Está por llegar. Y alcanzamos las antenas. Una cumbre abarrotada de tecnología siglo XXI. Telefonía, televisión, cámaras, sensores. Es la rapidez, la inmediatez, el estrés, el ¡YA, lo quiero para YA!. Al Oeste un paisaje conocido. Ya integrado en mi cabeza, familiar. Tan ahí como mi sombra. Benidorm:
Es espectacular. Allá abajo se juntan hasta medio millón o más de almas en temporada alta. Más de medio millón de formas diferentes de entender las cosas. De culturas. De perspectivas. Caminamos unos metros por la pista y giramos a la derecha por una senda que de nuevo nos deja a las puertas del Parque Natural. Asfalto, casas, la playa:
Me encantan las playas de cantos rodados. No te pringas de arena. Masajean tus pies. Se te clavan también, y en la espalda si te tumbas a tostarte. Son planetitas amontonados siempre diferentes perfectamente capaces de tenerte perdido entre sus formas hasta el infinito. Puedes cambiar su eje de rotación, su cara iluminada, su latitud y su longitud... Son, por un momento, tus planetitas, galaxias a tu merced...
Hasta que llega la hora del baño y de la cerveza.
No es un baño de sangre, es la contratemperatura del agua... Todo depende del color del cristal con que se mire

1 comentario:

AtalantasWeb dijo...

Un relato perfecto,mírese con el cristal que se quiera. Afortunados.