30 junio 2012

Menos nosotros, todos con la roja esa...

Quizás por eso sólo asistimos cinco magníficos a la llamada de Elías, la roja tira mucho. Un rulete por Castalla, por el macizo del Maigmó. Hortensia, David, Elías, esteban y el secretario. Bajamos del coche y el ostión térmico es bestial. No sé qué temperatura haría. Alta, respetable, determinante.
Dejamos atrás su casa, su aire acondicionado, su césped artificial, el partido de la roja, las cervezas en la nevera y los bocatas temblando de pensar lo que les espera. Vaya cuadrilla de colgaos.
A cambio unos metros de asfalto y enseguidica monte, pinos, sendas... Y lo que nos depare el destino.
Ya no me acuerdo del nombre del collao al que nos lleva Elías, pero precioso. A los 20 minutos poco me queda que sudar. Casi me quedo pegado a este precioso e inmenso pino, el Pino del Llitero (creo)


Elías guía nuestros pasos hasta que el destino nos detiene en un pequeño cruce de sendas. Al frente el despeñador, más allá Planises y después el regreso. A la derecha, imperceptible, discreta, casi inadvertida, una pequeña sendita que lleva al valle. La conozco, es la loma de la Sierra de Castalla. Del valle el Pantanet, a la Cresta dels Frares y de vuelta a casa.
Ya me miran mal.
-Oye, lo que queráis.
-A ver si se va a alargar el asunto.
David mira el reloj.
El borde de esteban pincha con maliciosa sonrisa.
Hortensia dispuesta a todo.
-Vale, ni pa ti ni pa mi. Llegamos al valle y a la derecha. No sé lo que hay, sólo intuyo el regreso por una vaguada o una loma, lo que haya.
Diversos tipos de caras me miran el culo. No sé si me apuñalarán o qué.
Hacemos una bajadita más o menos técnicas, trotona, hasta una senda más abierta que a la izquierda lleva al Pantanet. Pero hemos dicho a la derecha.
La noche empieza a caer y la senda da paso a un rastro, rastro que a veces no es ni eso...


Acabamos arrenado por una vaguada hacia arriba. Llegamos a un collado. después colvemos a descender y de nuevo a subir entre jaras, aliagas, romeros ásperos, espartos y pinos asalvajados.
Me encanta una perspectiva en la que sólo se aprecia un manto de árboles. Sin tendidos eléctricos, ni resplandores urbanos. En ese momento no hay estelas de aviones que nos recuerden en qué mundo estamos. Los cinco monte a través en busca de la previsible salida de aquella encerrona natural. Hasta que se produce. Salimos a los bancales, al GR, a la pista, de nuevo al pino centenario y descendemos a Castalla.
Vemos un par de escorpiones por el camino. David una escolopendra casi más grande que él. Hostensia que patina en un margen mal acabado, mi linterna que está de fiesta. De nuevo casas, asfalto y los penaltis. La roja estaba esperándonos para salir airosa de su lance. Bajo el chorro de agua y a través de la ventana vemos cómo los penaltis nos llevan al domingo.
Cervezas, jamón de mono, los bocatas. Qué bien se está sobre el césped artificial. Hemos recuperado todo aquello que cambiamos por el calor y el enmerde.
Ves, a veces se puede tener casi todo.
Gracias chat@s.
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1 comentario:

Anónimo dijo...

jaja, que bien me lo pasé, haces orignal la rutina. Un abrazo amigo.

Elías