02 julio 2013

Incunables de montaña en second hand places

Paseo entre trastos y artículos de segunda mano en una tienda de estas que hacen colas a la entrada para recibir de todo a cambio de un digno fin de mes.
Busco algo en concreto, algo que le sobra a alguien y me hace falta a mí. Y lo encuentro. Tres almas satisfechas, tres buenas acciones, una trinidad material a la que no es necesario rezar de rodillas.
Y camino de la caja algo que cuelga de un estante llama mi atención...
La cojo, la miro y la remiro... Vuelta a la infancia, mis primeros campamentos.
Lo que tardo en recorrer los dos metros que nos separan son suficientes para trasladarme en el tiempo. Regreso a 4º ó 5º de EGB y veo sobre la mesa de la cocina familiar un paquete. Lo abro con ansia y descubro algo maravilloso. Es una mochila como la de la imagen pero en aquella ocasión azul. Igualita pero azul, más alicantina, más marina, más celeste. Un hermoso objeto que tiene un indescriptible significado para mí...
Una Serval, de nylon naranja con un reborde marroncico así como de 'eskai' de ese que llevaban los asientos de los 124, 1430, 850, etc en los que te quedabas pegado en cualquier trayecto familiar y de las primeras juergas, con una estructura metálica -hierro del que se enrobiña- precursor de esas que hay ahora que separan un pelín la chepa del bulto para que corra el aire y que además hace de suerte de osamenta que sustenta y da forma al capazo, es... Simplemente es DIVINA de la muerte ¡cáspita!.
Made in Spain, como los 1430 y los 850.
Estoy solo en el pasillo de la tienda y en milisegundos escudriño a derecha e izquierda y lanzo mi brazo hasta ella y con ese gesto dedo-pinza del que la evolución ha sabido dotarnos tan sabiamente apreto una de sus cintas -también de material sintético y marron a juego con el reborde- y grito en silencio, para mis adentros: ¡VENGA ESO PACÀ, MÍA ES!... Tan fuerte voceo que aquel niño de 5º de EGB me escucha y me ayuda a apretar, y grita del mismo modo ¡NUESTRA COMPARE, NUESTRA!.
6.95€, sólo eso, casi siete pavos. ¿Cómo puede alguien desprenderse de algo así, de un incunable (años 70) del siglo XX tan fantástico?
Perfecta mochilita de asalto. Además, color llamativo. me encanta.
¡Cielos!... Perdóname, yo no conservo aquella maravilla azul alicantino, azul mar, azul cielo con la que me aventuré en mis primeros campamentos, aún con dejes de OJE, con pernoctas en tiendas de lona y mástiles de madera en las que nos metían a una docena de mañacos.
Bueno. Le daré sidol a la estructura metálica y remendaré un chiquico orificio que tiene en la base, nada, apenas medio centímetro cuadrado, una minucia para una reliquia de casi cuarenta años.
Ahora los de Serval tienen página web modernísima de la muerte, y mochilas de diseño preparadas para las más excitantes aventuras, y sacos, y material ultraespecial... Pero no está esta maravilla en sus rincones cibernéticos. Igual les convendría hacer un cibermuseo de viejas glorias.
Por cierto, en aquella ocasión acompañaba a este regalo un fantástico saco de dormir azul como aquella desaparecida mochila que aún conservo. Muy de veranito, fresco. Lo que sucede es que de aspecto los sacos no han variado mucho y si lo ves escampado en el suelo no te dice nada, salvo que te encuentres al abuelo cebolleta al lado y empiece a contarte historietas de campamentos, que haberlas hailas.
Por cierto 2: ¿Cuánto costaría a mis padres aquella mochila? ¿Mil y pico pelas como estos 6.95 pavos?, mucha pasta para los 70 ¿no?

No hay comentarios: